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| Pescado seco. Mercado de Kalaw |
Eso
es lo que nos pasa a los españolitos por cogernos las vacaciones en verano, que
en sudeste asiático es la estación de lluvias con todas las incomodidades que
ello conlleva. Pero es parte del encanto.
El trayecto era más un viaje en
autobús que un vuelo. Antes de llegar a Heho, el turbohélice hizo dos paradas
previas, como si fueran paradas de autobús.
La zona a la que llegamos es
montañosa y por tanto las temperaturas son muy suaves dada la altura, unos 1400
metros sobre el nivel del mar. En ciertas zonas abundan los pinares entre
montañas brumosas. La humedad, excesiva y la lluvia pertinaz, y a ratos caen
chaparrones que no duran más que unos minutos. Lo que es seguro es que aún no
hemos visto el sol.
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Hoy tenemos cambio de guía y de
conductor. El guía se llama Yann Naing Soe y nos acompañará los próximos tres
días por esta zona y el cercano Lago Inle. Así entre montañas brumosas e
inconstante lluvia llegamos a Kalaw, ciudad creada por los funcionarios
británicos como estación de montaña para escapar de los tremendos calores de
las llanuras. Hoy en día es lugar de paso, descanso o base para las numerosas
rutas de senderismo que se pueden organizar, llegando incluso al mismo Lago
Inle.
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| Curry |
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| Mercado de Kalaw |
La visita al mercado de la ciudad
es algo incuestionable; el mercado nos da una idea del pulso de cualquier
localidad. Las gentes son amables, sonrientes, y algunas curiosas como aquella
señora que quiso saber si teníamos arroz en España y cómo se cocinaba. La
lluvia hizo algo incómoda la visita pero se pudo hacer. Incontables tipos de
vegetales y sobre todo arroz, la base de la alimentación de cualquier país
asiático. El pescado, por supuesto de río, y deshidratado para favorecer su
conservación.
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| Varios tipos de arroz. Mercado de Kalaw |
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| Pagoda Hnee (Bambú) |
Visitamos la Pagoda (o Paya en Birmano) Hnee o Bambú, llamada
así por estar hecha en esa madera incluido el Buda que lo preside. Tiene la
característica de estar lacado en oro y es completamente hueco lo que lo hace
fácil de transportar. El templo tiene más de 500 años de antigüedad. Allí nos
ofrecieron una bandeja con té y una especie de tentempié muy tradicional en
Myanmar y que a muchos extranjeros espanta: El Laphat, que consiste en unas hojas de té fermentado que se mezclan
con una combinación de semillas de sésamo, guisantes fritos, gambas secas,
cacahuetes, ajo frito y otros ingredientes. Se mezcla en la mano y se come tal
cual. No es para salir corriendo, pero desde luego no es un manjar.
Así pasamos un rato de
conversación con nuestro joven guía, sentados sobre una estera, hablando e
intercambiando información.
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| Laphat |
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| Incluso aquí se nos conoce (y admira) |
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| Con Yann el Guia. Obviad el paraguas, es lo que había |
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| A punto de degustar el curry |
Al fin puedo ir publicando. El wifi en las zonas rurales es tan lento que no se puede hacer nada. Hoy me aprovecho ya que en el Hotel de Mandalay va a toda pastilla
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